Esto era algo que Leja necesitaba hacer a veces, necesitaba ser castigada para asegurarse de que se sintiera mejor; le proporcionaba una liberación que no obtenía de nada más.

Estaba atada y doblada sobre la cama, lista para él. Aún llevaba ropa, pero sus bragas estaban bajadas para dejar al descubierto su trasero.

Luka se acercó, sosteniendo una paleta, pero ella no podía verla, así que cuando la golpeó por primera vez gritó de dolor. “¿Puedes contar para mí y ser una buena chica?”

“Sí, señor. Uno.”

La golpeó de nuevo, esta vez en la otra nalga. “Dos, gracias, señor”, respondió ella al azote.

Continuó hasta que ella apenas podía exhalar el número; no la castigaría por ello, esto era algo que ella deseaba y él estaba feliz de dárselo.

Hizo una pausa para que ella pudiera respirar, mientras le frotaba el trasero. “No fue tan malo, ¿verdad?” le preguntó.

“Estoy bien”, dijo ella con un asentimiento.

“¿Crees que quieres más de lo que ya te he dado?” preguntó, sin querer continuar a menos que ella pensara que podía soportarlo.

“Por favor…”, dijo ella, y él supo que necesitaba más. Luka se acercó a su caja de “juguetes” y sacó el flogger.

Se acercó a ella y la golpeó con él; siguió golpeándola, pero se aseguró de que contara para saber que podía pensar con claridad durante lo que estaba ocurriendo.

Finalmente paró, pero no antes de que su trasero estuviera completamente rosado. Una vez terminado, la liberó de las ataduras y comenzó a frotarle el trasero con crema para que sanara.

“Gracias”, susurró ella.

“Cuando quieras, Leja, siempre estaré aquí para ti.”

Califica la publicación

¡Haz clic en una estrella para calificarla!

Enviar calificación

Calificación promedio 3.7 / 5. Número de votos: 45

¡Aún no hay votos! Sé el primero en calificar esta publicación.

¡Lamentamos que esta publicación no te haya sido útil!

¡Ayúdanos a mejorar esta publicación!

¿Dinos cómo podemos mejorar esta publicación?

Enviar comentarios